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Articles · herbario 2025-11-15

Qué es un herbario y cómo se prepara una muestra: el proceso desde la recolección hasta el montaje

Identidad científica y práctica del herbario: colección, prensado, secado, montaje y etiquetado en MindFlow Zone Path.
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Marta Fuentes
Curadora de Colecciones Botánicas
2025-11-15
Elegante exhibición de plantas en macetas sobre estantes en una tienda de Milán, con vegetación urbana.

En algún cajón de papel manila, entre cartones ondulados y periódicos doblados, una planta recogida hace décadas sigue siendo científicamente válida hoy. Esa permanencia no es accidental: es el resultado de un protocolo que los botánicos han refinado durante cuatro siglos y que, en esencia, permanece sorprendentemente intacto. Los herbarios son archivos vivos en el sentido más preciso, bases de datos físicas que documentan qué creció, dónde y cuándo, y que permiten a investigadores de Lima, Madrid o Ciudad de México consultar el mismo espécimen sin que éste pierda un solo dato. En MindFlow Zone Path preparamos y ampliamos nuestra colección siguiendo este mismo proceso, y lo que describimos aquí no es teoría sino práctica de campo semanal.

Qué es un herbario y por qué sigue siendo indispensable

Un herbario es una colección de plantas vasculares, musgos, líquenes u hongos desecados, montados sobre cartulina y acompañados de datos de localización, fecha, altitud y nombre del recolector. El herbario más antiguo del mundo que conserva especímenes originales es el de Ulisse Aldrovandi, del siglo XVI, y sus muestras aún sirven para estudios de ADN. Eso da una idea del horizonte temporal que maneja este tipo de archivo.

A diferencia de una fotografía o de un registro digital, el espécimen físico permite medir longitudes reales de pecíolos, analizar pigmentos bajo espectroscopía, extraer material genético o simplemente confirmar si lo que el botánico del siglo XVIII llamó de una manera es la misma especie que otro describió décadas después con otro nombre. El herbario resuelve ambigüedades que ningún archivo fotográfico puede resolver por sí solo. En México, el Herbario Nacional del Instituto de Biología de la UNAM alberga más de 1,4 millones de especímenes; en Argentina, el BCRU de la Universidad Nacional de Córdoba supera los 300 000. Esos números reflejan décadas de trabajo de campo siguiendo exactamente el proceso que describimos a continuación.

La recolección en campo: decisiones antes de cortar

La calidad de un espécimen de herbario se decide en el momento de la recolección, no en el laboratorio. El protocolo estándar exige tomar una muestra que incluya, idealmente, hoja basal y caulinar, flor o fruto, y fragmento de tallo con nudo visible. Para árboles de gran porte, se recolecta una rama de entre 30 y 40 centímetros que muestre los rasgos diagnósticos de la especie: venación, pilosidad, forma del ápice. Para hierbas pequeñas, la norma es extraer la planta completa con raíz, siempre que el sustrato lo permita sin dañar la población.

En el jardín usamos prensas de madera con correas de cuero de 45 x 30 cm, el formato que fija el Herbario Nacional para facilitar el intercambio entre instituciones. Cada planta recién cortada se coloca de inmediato entre dos hojas de papel absorbente, y sobre el papel se anota con lápiz, nunca con bolígrafo, el número de recolección correlativo. Ese número vincula la planta con la libreta de campo donde quedan registrados el municipio, las coordenadas GPS en sistema WGS84, la altitud en metros sobre el nivel del mar, el tipo de vegetación circundante y el nombre del recolector. Sin esos datos, el espécimen pierde la mayor parte de su valor científico.

El prensado y el primer secado: las primeras 72 horas son críticas

Una vez en el laboratorio, la prensa se arma en capas: cartón corrugado, papel secante, la planta dispuesta con cuidado para que al menos una hoja muestre el envés, otro papel secante, otro cartón, y así hasta cerrar con la tapa y ajustar las correas con presión firme pero no excesiva. La presión debe distribuirse uniformemente para que las estructuras no se aplasten ni se distorsionen. Las flores delicadas, como las orquídeas, requieren a veces un pequeño relleno de algodón para mantener la profundidad del labelo durante el secado.

El cambio de papeles es el trabajo menos visible pero más determinante del proceso. Durante las primeras 48 horas, los papeles absorbentes se sustituyen cada 12 horas; a partir del tercer día, el intervalo puede extenderse a 24 horas. Los papeles húmedos se secan al sol o en horno botánico a 60 grados Celsius. Si la humedad no se extrae con rapidez suficiente, el espécimen desarrolla hongos en cuestión de horas, y una vez que el moho se instala, el daño es irreversible. En climas tropicales, como los de Veracruz o Chiapas donde realizamos algunas de nuestras expediciones de recolección, el cambio inicial debe hacerse incluso cada 8 horas.

El secado definitivo y los métodos alternativos

Cuando el espécimen ya no cede humedad al papel, está listo para el montaje. Ese punto suele alcanzarse entre el quinto y el décimo día dependiendo de la suculencia de la planta: un cactus puede tardar tres semanas; una gramínea de tallo fino, cuatro días. Los herbarios con mayor volumen de trabajo utilizan cámaras de secado con circulación forzada de aire caliente, que aceleran el proceso sin comprometer la estructura celular. En MindFlow Zone Path empleamos un armario de secado artesanal con resistencias eléctricas y termostato, capaz de procesar unas 60 prensas simultáneas.

Existe un método alternativo para plantas especialmente difíciles: el secado con sílica gel, que funciona por absorción directa sin calor. Es más lento para volúmenes grandes pero preserva mejor los colores de los pétalos, lo que resulta útil cuando el color es un carácter diagnóstico relevante, como ocurre con ciertas especies del género Salvia, abundante en los bosques del Eje Neovolcánico. El resultado del secado con sílica es un espécimen más frágil en términos mecánicos, así que el montaje posterior requiere una capa adicional de adhesivo de conservación.

Un espécimen sin datos de localización es una planta sin historia: ocupa espacio en el archivo y no puede responder ninguna pregunta.

El montaje sobre cartulina: técnica, materiales y decisiones de diseño

El montaje es la fase donde el espécimen adquiere su forma definitiva. La cartulina de archivo de calidad museográfica tiene un pH neutro o ligeramente alcalino, entre 7,5 y 9, para neutralizar la acidez que el propio material vegetal genera con el tiempo. El tamaño estándar en México e Iberoamérica es de 42 x 28 cm, compatible con los sistemas de almacenamiento de los herbarios nacionales. La planta se fija con tiras de papel japonés y pasta de metilcelulosa o, en instituciones con mayor presupuesto, con polivinilacetato diluido al 20 por ciento. Los alfileres metálicos están completamente descartados porque provocan oxidación y perforación del tejido vegetal con el paso de los años.

La disposición de la planta sobre la cartulina no es arbitraria. El recolector debe distribuir las ramas de manera que las estructuras diagnósticas queden visibles sin superposición excesiva, que haya espacio en la esquina inferior derecha para la etiqueta institucional y en la esquina superior izquierda para el sobre de glassine donde se guardan los fragmentos sueltos: semillas, escamas, esporas. Cuando la planta es demasiado grande para el formato, se dobla en forma de V o de N, dobleces que el botánico dibujará en el campo con el dedo antes de pegar, para que los nervios de los tallos no se quiebren.

La etiqueta final recoge toda la información de la libreta de campo más el nombre científico completo con autoridad, la familia, el nombre vernáculo si existe, la fecha de determinación y el nombre del determinador. En nuestra colección usamos un sistema de numeración que combina las iniciales del jardín, el año y un número correlativo de cuatro dígitos, lo que permite rastrear cualquier espécimen hasta la expedición original sin necesidad de consultar una base de datos separada.

La conservación a largo plazo y el lugar del herbario en la ciencia contemporánea

Una vez montado y etiquetado, el espécimen se somete a un tratamiento preventivo contra insectos, en particular contra el escarabajo Anthrenus verbasci y los pececillos de plata, que son los principales enemigos de las colecciones de herbario en el centro y sur del país. Durante décadas el método estándar fue la fumigación con bromuro de metilo o naftalina, ambos prohibidos o restringidos por sus efectos sobre la salud y el medio ambiente. Los herbarios modernos, incluido el nuestro, utilizan el método de ciclos de congelación: los especímenes se introducen en bolsas herméticas y se someten a tres ciclos de congelación a menos 20 grados durante 72 horas cada uno. El proceso elimina huevos, larvas y adultos sin residuos químicos.

Los especímenes se almacenan en armarios metálicos cerrados, ordenados por familia según el sistema APG IV, el esquema filogenético de clasificación angiospérmica más actualizado. La digitalización es la capa que conecta el archivo físico con la ciencia global: cada cartulina se fotografía con cámara de copia a una resolución mínima de 600 ppp y los datos se suben a plataformas como GBIF o Tropicos, desde donde cualquier investigador en cualquier parte del mundo puede consultar el registro sin necesidad de desplazarse.

Lo que hace singular a un herbario institucional frente a una colección privada es precisamente esa conexión: el espécimen deja de ser un objeto aislado y pasa a ser un nodo en una red global de información botánica. Cuando un investigador del Real Jardín Botánico de Madrid detecta un cambio de distribución en una especie mexicana de Quercus, lo hace consultando registros de herbarios como el nuestro, cotejando coordenadas de hace ochenta años con datos de campo recientes. La pregunta que queda abierta es cuántas especies están desapareciendo de sus rangos históricos antes de que alguien haya tenido tiempo de prensar y montar un solo testigo de su presencia.

El herbario de MindFlow Zone Path suma hoy más de cuatro mil especímenes montados, procedentes de dieciséis estados del país, con expediciones documentadas desde 2009. Cada nueva recolección sigue exactamente el mismo protocolo descrito aquí, porque la coherencia metodológica es lo que hace comparables los datos de décadas distintas. La planta que se prensa hoy puede responder una pregunta que todavía no se ha formulado.

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